Te ascendieron a jefe de la nada, y ahora tú eres el problema de alguien más
Un día eras uno más del equipo, comiendo tacos con todos a la hora de la comida, quejándote del mismo jefe que ahora… eres tú. Nadie te dio un curso, nadie te sentó a explicarte cómo dar feedback sin que sonara a regaño, simplemente un lunes llegaste y ya tenías gente reportándote.
Esto le pasa a más gente de la que crees, y el problema no se queda en lo incómodo de la transición. Según datos de Gallup, el 70% de la rotación de personal está directamente relacionada con el liderazgo directo — no con la empresa, no con el sueldo, no con el proyecto. Con el jefe.
Por qué nadie te entrena antes de aventarte al ruedo
La razón no es que a las empresas no les importe — es que ascender a alguien de adentro les sale gratis comparado con lo que costaría buscar, entrevistar y capacitar a un líder de fuera. Ya conoces el producto, ya conoces a la gente, ya conoces los procesos: desde el punto de vista del presupuesto, pareces “listo” el mismo día del ascenso, aunque liderar personas y hacer bien tu trabajo individual sean habilidades completamente distintas. Y como la capacitación en liderazgo es de las primeras partidas que se recortan cuando hay que apretar el cinturón, terminas aprendiendo exactamente igual que aprendió tu propio jefe: a los golpes, con el sueldo de alguien más en tus manos mientras improvisas.
Aquí está lo que nadie te dice cuando te dan la “buena noticia” del ascenso: te están dando más trabajo, más presión y cero herramientas nuevas, todo empacado como un premio. Y como se siente como un logro, es difícil quejarte. Pero la mayoría renuncia calladita a los pocos meses, agotada de un puesto que nunca pidió que le explicaran cómo ejercer.
Y no es casualidad que esto pase justo ahora que el mercado ya de por sí está más duro para entrar y crecer — las empresas ascienden rápido a quien ya tienen dentro, en lugar de contratar y entrenar a alguien nuevo desde cero. Por eso cada vez más gente prefiere de plano no subir al puesto aunque se los ofrezcan, no por flojera, sino porque ya vieron a suficientes compañeros quemarse en el intento.
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