Tú no quieres ser jefe, y está bien que lo aceptes de una vez
Voy a decir algo que en la oficina de mis papás hubiera sonado a herejía: no quiero que me asciendan a jefe. Y no soy la única — hay todo un movimiento con nombre y todo detrás de esta decisión, y se llama unbossing consciente.
La idea es simple y un poco incómoda para quien creció pensando que subir de puesto era el único camino digno: cada vez más gente, sobre todo de las generaciones más jóvenes, está rechazando a propósito los puestos de gestión. No por flojera, sino porque ya vieron de cerca lo que implica — cargar con el estrés de un equipo completo a cambio de un sueldo que, la mayoría de las veces, no compensa las horas extra ni las noches sin dormir pensando en la nómina de alguien más.
Y hay que decirlo: tiene sentido. Las empresas ya están premiando a la gente que piensa como dueño sin serlo, o sea que ya existe una manera de crecer y ganar más sin necesariamente tener gente a tu cargo. El título de “líder de equipo” dejó de ser la única medalla disponible.
El otro lado de la moneda
Pero ojo, esto no significa que liderar esté mal ni que todos deberían huirle. El problema real es que a los que sí aceptan el ascenso, casi nunca los preparan para lo que viene — y ahí es donde el unbossing empieza a tener sentido como reacción, no como capricho: nadie te entrena para ser jefe, simplemente un día lo eres.
Al final la pregunta no es si quieres o no ser jefe. Es si alguien te va a dar las herramientas para serlo bien, o si vas a tener que aprender a los golpes con el sueldo de alguien más en tus manos.
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