En casi todas las casas de México hay un cajón donde viven los papeles que nadie quiere perder: el acta de nacimiento, las escrituras si hay suerte, la garantía de un refri que ya se fue al cielo de los electrodomésticos y, hasta abajo, una cartilla de vacunación con tu nombre escrito a mano por la enfermera del centro de salud. Si tienes entre 20 y 30 años, lo más probable es que no la veas desde la secundaria. Este otoño vale la pena ir a buscarla.
Con corte al 30 de septiembre de 2026, la Secretaría de Salud contabiliza 20,093 casos confirmados de sarampión en México desde enero de 2025 y 50 defunciones asociadas a la enfermedad. Dicho así suena a noticia de hospital infantil, y en buena parte lo es: los grupos con más contagios han sido niñas y niños de uno a nueve años, y la incidencia más alta está en bebés de menos de un año. El detalle incómodo está en el tercer lugar de la lista.
El tercer lugar de la tabla
En los informes diarios que la Dirección General de Epidemiología publicó en febrero, el grupo de 25 a 29 años aparecía como el tercero con más casos confirmados en todo el país, solo detrás de los niños de 1 a 4 y de 5 a 9. Primer lugar entre los adultos. Hablamos de la generación que ya paga su propio plan de celular, que se sube al transporte en hora pico y que sale de la oficina directo a un cumpleaños en un bar lleno.
Los epidemiólogos que siguen el brote lo explican sin dramatismo: es el grupo con más exposición cotidiana, entre trabajo, escuela, transporte público y lugares concurridos. Del lado de la causa de fondo, especialistas de la UNAM apuntan a una mezcla de movimientos antivacunas, caída en la cobertura de vacunación y migración. El brote mexicano arrancó en Chihuahua, en una comunidad que por motivos religiosos llevaba años sin vacunarse, y de ahí se fue regando.
Para mí este es el dato más importante de todo el brote, porque desarma la idea cómoda de que el sarampión es asunto de pediatras. Un adulto sin su esquema completo va a la chamba, comparte elevador, carga al sobrino en la comida del domingo y se sienta junto a una embarazada en el camión. El virus no revisa credenciales.
Casi el triple en ocho meses
Ahora sí, el número que más ruido me hizo. Según un recuento periodístico con datos de la Dirección General de Epidemiología, al 19 de enero había 7,168 casos confirmados; al 14 de septiembre ya eran 19,553. Casi tres veces más en ocho meses.
Hay un matiz que conviene tener a la mano antes de entrar en pánico: la propia autoridad avisó que, desde el 4 de septiembre, el conteo diario podía subir porque se están dictaminando casos que seguían pendientes de clasificar. Una parte del brinco reciente viene de casos viejos que apenas se están poniendo al día en el sistema. Aun con ese ajuste, la estadística no deja mucho espacio a duda: el virus sigue circulando en las 32 entidades.
La foto que le vas a pedir a tu mamá
La Secretaría de Salud anunció que el 12 de octubre arranca una nueva semana de vacunación universal y gratuita, con la influenza y el sarampión entre sus prioridades. Desde febrero, las autoridades venían pidiendo a las personas de 20 a 49 años con esquema incompleto que acudieran a vacunarse.
Mi sugerencia es bastante menos glamorosa que dormir ocho horas o cualquier rutina de bienestar: mándale mensaje a tu mamá, o a quien sea que custodie el famoso cajón, y pídele foto de tu cartilla. Si ahí aparecen tus dosis de triple viral, ya tienes tu respuesta. Si no aparece nada, o la cartilla se perdió en alguna mudanza, el lugar para resolverlo es tu centro de salud o tu clínica, con personal que pueda revisar tu caso. Un hilo de redes sociales no cuenta.
Y ya que vas a hacer fila, aprovecha la de la influenza. La temporada pasada cerró con 9,054 casos confirmados y 410 defunciones en el país, menos contagios que el ciclo anterior, y la vacuna que se aplica ya se fabrica en México: alrededor de 30 millones de dosis al año. A la influenza sí la tenemos ubicada como cosa de invierno, y justo por eso se nos pasa: octubre se siente demasiado temprano para sacar las chamarras.
Por cierto, ya que andas en modo papeles olvidados: en ese mismo cajón, o en algún correo de bienvenida de tu chamba que nunca abriste, suele dormir otro documento que casi nadie lee hasta el día que lo necesita. La póliza del seguro de gastos médicos tiene letras chiquitas que cambian mucho la historia.
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