Este año el calendario hizo una travesura. De acuerdo con la SEP, los alumnos de preescolar, primaria y secundaria tendrán un megapuente de Día de Muertos del viernes 30 de octubre al lunes 2 de noviembre de 2026, mientras que para la Ley Federal del Trabajo el 1 y el 2 de noviembre son días como cualquier otro. Traducción: tus sobrinos se van de puente y tú, con suerte, tienes el fin de semana. ¡Que no cunda el pánico! Dos días bien usados alcanzan para vivir la fiesta de verdad, siempre y cuando no te empeñes en dormir a orillas del lago de Pátzcuaro.
La carrera por el cuarto
Pátzcuaro, Janitzio y Oaxaca son los nombres que todos traemos en la cabeza cuando alguien dice “Día de Muertos”, y justo por eso buscar cuarto ahí a mediados de octubre se parece mucho a un deporte extremo. Las fotos de las velas sobre el agua son preciosas; la búsqueda de hospedaje, bastante menos.
Lo curioso es hacia dónde se mueve realmente la gente. Para la semana del 27 de octubre al 2 de noviembre de 2025, la Secretaría de Turismo federal calculó que más de 1.6 millones de turistas ocuparían hoteles en el país, con una ocupación promedio de 60.8%, y los destinos que concentraron gran parte de ese flujo fueron la Ciudad de México, Cancún, la Riviera Maya, Guadalajara y Monterrey. Ciudades y playa, pues. Mientras medio país se pelea por una cabaña en Michoacán, la otra mitad se va a la alberca, y entre esos dos extremos quedan pueblos donde la tradición se vive de cerca y sin hacer fila.
Nuestra favorita queda a tres minutos de Cuernavaca
Si tenemos que elegir una sola, nos quedamos con Ocotepec, en Morelos, pegadito a Cuernavaca sobre la carretera a Tepoztlán. Ahí las familias levantan ofrendas nuevas para quienes murieron durante el año, y las casas que tienen una lo anuncian con un camino de flores que va del altar hasta la banqueta. Si ves el camino, puedes entrar: te reciben, te ofrecen algo de comer o de tomar y, en agradecimiento, dejas una vela o unas flores en el altar. Ninguna otra experiencia de todo el puente nos parece tan generosa.
El calendario de Ocotepec tiene su propio orden: el 31 de octubre las campanas anuncian la llegada de los niños, el 1 de noviembre toca panteón y misa para ellos, y el 2 es el turno de los adultos, con procesiones y comida junto a las tumbas. Consejo práctico: lleva tu vela desde casa, porque llegar con las manos vacías a una casa que te abre la puerta se siente raro.
Y el lunes, con olor a copal
La otra joya está dentro de la propia capital. En San Andrés Mixquic, en Tláhuac, la noche del 2 de noviembre las familias hacen la alumbrada: acompañan a sus difuntos de regreso al panteón con velas y pétalos de cempasúchil. Desde el Zócalo son alrededor de hora y media de camino, así que no necesitas hotel, pero sí un plan de regreso para la madrugada. Este año el 2 cae en lunes, de modo que lo más probable es que llegues a la oficina el martes con cara de desvelo y olor a copal. Vale cada minuto.
Una regla para los dos pueblos: ahí hay familias recordando a su gente, y cada altar lleva días de trabajo encima. Pisa con cuidado entre las tumbas, pide permiso antes de entrar a una casa y guarda el flash.
Si lo tuyo este puente es más lago que panteón, Valle de Bravo queda a distancia de fin de semana desde la capital. Y si te pica la curiosidad de ver cómo cambia la fiesta de una región a otra, las tradiciones de Sonora tienen su propia manera de celebrar.
Lo que nadie calcula antes de salir es lo que se va en el camino: casetas, el pan de muerto de la carretera, las flores que compraste “por si acaso”. Y si algo de eso lo pagaste a meses en alguna app, ese gasto invisible te va a alcanzar cuando ya ni te acuerdes del viaje.
Sigue leyendo: los pueblos mágicos de Sonora






